Visto con la lupa del periódico, la crisis que vive la UNAM a causa de las trampas en el examen de admisión es catastrófica: una joven generación entregada a la trampa que merece escarnio público (Milenio, 2026b; El Financiero, 2026), el fin de la meritocracia (ADN Noticias, 2026; Excélsior, 2026a), el profundo deterioro de la Magna Casa de Estudios (El Indicador, 2026; Talla Política, 2026), el gasto del presupuesto público tirado a la basura (Milenio, 2026a) y otros temas más que nos alertan de una situación tan caótica dentro de la Universidad (La Jornada, 2026b) que estamos viviendo un parteaguas histórico. En estas críticas tan diversas, hay dejos de razón. Sin embargo, si nos alejamos un poco y miramos a la UNAM dentro del sistema educativo mexicano con una mirada histórica, aquella que enseña más las continuidades que los cambios, me parece que con el tiempo el tema no será demasiado grave, quizá ni siquiera un poco grave, si medimos la gravedad a partir de cambios estructurales. Incluso, si el rector se ve forzado a dimitir, la tradición se sostendrá. Tengo la esperanza de equivocarme, pero tengo también cierta convicción de que puedo acertar.
Es difícil no reconocer que hubo estudiantes –y sus familias y los servicios contratados para tal fin– que hicieron trampa y que buena responsabilidad tienen. Pero enmarcado en nuestro sistema educativo –y en el sistema educativo de muchas otras partes del mundo–, en las formas de vivir la escuela y en los mecanismos y usos que se le dan al examen; lo que vemos es una variación de magnitud, no de fondo. Jóvenes pasando de una mano a otra las respuestas, copiando al de al lado o consultando de reojo el acordeón oculto en el forro del pantalón, todas, son estrategias que la inmensa mayoría de los estudiantes –con excepción de los intachables, que sin duda lanzarán la primera piedra– han utilizado para sobrellevar su trayectoria escolar.
Es casi como si la vida escolar, en especial en el instante del examen, se redujera a dos funciones básicas: copiar en el examen, para el alumno, y evitar que lo haga, para el docente. Zambra, el escritor chileno, contaba que los exámenes de opción múltiple son nítidos: “no había que escribir nada, no había que opinar, no había que desarrollar nada, ninguna idea propia: solo teníamos que jugar el juego y adivinar la trampa” (Zambra, 2015), aquí entendida la trampa como los engaños y las estratagemas de quienes hacen los exámenes para seleccionar al que mejor sabe descubrirlas.
En otras palabras, las evaluaciones más altas son para el que mejor responde exámenes, es decir, quien está mejor entrenado y no necesariamente mejor formado. Lo nuevo no es que algunos hicieron trampa, pues ésta es inseparable a la lógica educativa del examen, sino que las nuevas formas de vigilancia tecnológica fueron vencidas por nuevos dispositivos tecnológicos del engaño.
Con lo anterior no quiero justificar la trampa, lo que quiero es señalar que ésta no es una generación más tramposa que otras y que los estudiantes de hoy quizá hagan la misma cantidad de trampas que las generaciones que lamentan la pudrición moral de la juventud mexicana. Incluso, por edad, es probable que las y los jóvenes hayan hecho, hasta el momento, menos trampa en su vida que los veteranos escritores de opinión.
Por eso concuerdo con que la trampa es el examen (Cobos y Gallardo, 2026), pero yo situaría algo un poco más fuerte, algo así como la perversidad del sistema. Los sistemas educativos estructurados alrededor de los exámenes, donde en casos como el mexicano los exámenes de ingreso son la cúspide, parten de nociones cuestionables, pero firmes: el examen de opción múltiple es objetivo, es igualador, no presenta fallos en la evaluación y, sobre todo, permite seleccionar sin sesgo a los mejores entre los mediocres y a los menos malos entre los peores. Cualquier intento de trampa pervierte el sistema. Por eso, con contadas excepciones (Excélsior, 2026b), en casos de exclusión educativa sistemática, los problemas que genera son achacados a la naturaleza de los estudiantes, de las familias o de los taimados vendedores de trampas, pero nunca de los nunca al examen mismo y, mucho menos, al sistema de exámenes como instrumento de legitimación de la exclusión educativa. Es lo que la teoría poscolonial llama déficit colonial: el instrumento es incuestionable, por tanto cualquier falla es humana o, más bien, el error está en otro humano y no en el instrumento en sí. (Chatterjee, 2008).
A mi modo de ver, la aseveración del colectivo Alcira Revueltas (2026), sobre que no sobran estudiantes sino que faltan lugares, es profundamente acertada. Y quizá, en realidad, lo que faltan son las universidades a las que aspiran: con investigación, profesores de tiempo completo, promoción cultural, vida universitaria, campus verdes y espaciosos y, por supuesto, con formas de enseñanza que les permitan salir bien formados, como profesionales y como ciudadanos. La política de creación de espacios para la formación profesional, como las universidades Benito Juárez, (SEP, 2026), umenta la cobertura en educación superior, pero no genera más que un proceso de inclusión diferencial: la creación de espacios que bajo ciertos entendimientos de equidad, producen la sensación de inclusión, pero siempre a cambio de establecer jerarquías entre las instituciones y producir desigualdades educativas legítimas (Plá, 2017). El examen de ingreso a la UNAM antecede por mucho a estas universidades, pero el tipo de universidades que se han ido fundando tienden, en buena medida, a conservar la existencia y legitimidad de los exámenes de admisión. Esto no niega la importancia de aumentar la cobertura, sino que resalta la importancia de crear otro tipo de cobertura.
La crisis del examen de ingreso no tendrá un impacto de larga duración en la UNAM, como ya ha sucedido con otras similares en otros momentos, otras universidades y otros países (La Jornada, 2026a). El sistema educativo requiere un cambio más profundo que la renuncia de un rector o la repetición de un examen, pues buena parte del linchamiento mediático se basa en defender el examen y la exclusividad de la educación superior. Por ello, no se modificará la idea meritocrática que sustenta la ilusión de objetividad y neutralidad del examen, ni se cambiará la política de cobertura –siempre importante en sí misma– para seguir profundizando en la producción de desigualdad educativa bajo el principio siempre engañoso de la inclusión diferencial.
De hecho, buena parte de las notas de opinión defienden el sistema de exclusión, por lo que el problema para algunos formadores de opinión no está en el acto de discriminación, sino en la ineficiente manera en que se discriminó; por ello, al defender la lógica del examen alimentan la creación de nuevas artimañas que la propia lógica genera. A través de una mirada histórica sobre el examen y las trampas que conlleva y sobre los largos procesos de exclusión educativa –hoy en una etapa de inclusión diferencial– cabría suponer que no habrá mucho cambio en el sistema de selección para la educación superior en México. Es un suceso que difícilmente modificará las prácticas del ya viejo devenir histórico.
Pero lo que sí nos arroja este acontecimiento con una fuerza violenta e inusitada contra nuestro orgulloso rostro universitario es el poder de la Inteligencia Artificial (IA) para desmoronar mucho de lo que hemos levantado como principios, prácticas e identidades universitarias. Con ello, no quiero decir que es el fin de la universidad, sino que trato de señalar un lugar donde tenemos que pensar, cambiar y reinventar los instrumentos de inclusión, los procesos de enseñanza, la relación educativa entre individuos y máquinas, los aprendizajes profesionales y la formación de las subjetividades de todos los que hacemos la universidad.
Todo esto lo digo, no porque la IA venció a la IA en el examen de admisión, sino porque el sólo hecho que se haya producido esta batalla puede ser un reflejo de cómo la IA ya se incrustó como nuevo instrumento para la reproducción de la exclusión educativa. Esto, para no generar confusión, es sólo una intuición más humanística que científica.
Nota: Para la revisión y sistematización de las notas periodísticas se utilizó Claude Pro.
Referencias
ADN Noticias (2026, 27 de julio),“La erosión de la meritocracia”, https://adnoticias.mx/examen-admision-unam-meritocracia-mexico/, consultado el 10 de agosto, 2026.
Alcira Revueltas (2026, 3 de agosto), “No sobran estudiantes, faltan lugares”, Revista Común, https://revistacomun.com/blog/no-sobran-estudiantes-faltan-lugares/, consultado el 10 de agosto, 2026.
Chatterjee, Partha (2008), La nación en tiempo heterogéneo: y otros estudios subalternos, Buenos Aires, CLACSO.
Cobos, Daniel y Ana Laura Gallardo (2026, 3 de agosto), “Las diversas trampas del proceso
de admisión a la UNAM”, Observatorio de Políticas Educativas IISUE-UNAM,
https://www.iisue.unam.mx/OPE-IISUE/?p=3354, consultado el 11 de agosto, 2026.
El Financiero (2026, 29 de julio), “El fraude que avergüenza a la UNAM”,
https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/alejo-sanchez-cano/2026/07/29/el-fraude-que-averguenza-a-la-unam/, consultado el 10 de agosto, 2026.
Excélsior (2026, 30 de julio), “‘No puedes definir el futuro de un estudiante en 3 horas’: experto pide redefinir examen”, https://www.excelsior.com.mx/nacional/no-puedes-definir-futuro-estudiante-3-horas-experto-pide-redifinir-examen, consultado el 9 de agosto, 2026.
Excélsior (2026b, 1 de agosto), “UNAM: Integridad y ética institucional”, https://www.excelsior.com.mx/opinion/ruth-zavaleta-salgado/unam-integridad-y-etica-institucional, consultado el 8 de agosto, 2026.
La Jornada (2026a, 1 de agosto), “La universidad mira al vacío… y ve al ICE”, https://www.jornada.com.mx/2026/08/01/opinion/012a1pol, consultado el 10 de agosto, 2026.
La Jornada (2026b, 7 de agosto), “Piden la renuncia del rector de la UNAM; Contrato sospechoso… pero culpan a los estudiantes; Critican casta dorada-Dinero”, https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/07/columnas/piden-la-renuncia-del-rector-de-la-unam-contrato-sospechoso-pero-culpan-a-los-estudiantes-critican-casta-dorada-dinero, consultado el 10 de agosto, 2026.
Milenio (2026a, 27 de julio), “Contrato millonario y candados ignorados: el fracaso de Territorium Life, empresa a la que acudió la UNAM para aplicar exámenes”, https://www.milenio.com/comunidad/territorium-life-empresa-contrato-unam-vigilar-examen, consultado el 8 de agosto, 2026.
Milenio (2026b, 8 de agosto), “La trampa maldita”, https://www.milenio.com/opinion/ricardo-raphael/politica-zoom/la-trampa-maldita, consultado el 10 de agosto, 2026.
Plá, Sebastián (2017), Calidad educativa. Historia de una política para la desigualdad, Ciudad de México, IISUE-UNAM, https://iisue.unam.mx/publicaciones/libros/calidad-educativa-historia-de-una-politica-para-la-desigualdad [en acceso abierto]-
Quadratín (2026, 5 de agosto), “UNAM, colapsada; crisis es terminal; Lomelí, responsable”,
https://puebla.quadratin.com.mx/opinion/indicador-politico-88/, consultado el 8 de agosto, 2026.
SEP (2026, 28 de noviembre), “Boletín 393. Universidades para el Bienestar Benito Juárez proyecto que transforma la vida comunitaria; 20 nuevas sedes en 2026: secretario”, https://www.gob.mx/sep/prensa/boletin-393-universidades-para-el-bienestar-benito-juarez-proyecto-que-transforma-la-vida-comunitaria-20-nuevas-sedes-en-2026-secretario
Talla Política (2026, 3 de agosto), “Rectoría en Riesgo”, https://www.tallapolitica.com.mx/rectoria-en-riesgo/, consultado el 10 de agosto, 2026.
Zambra, Alejandro (2015), Facsímil, Santiago, Anagrama.

Citación en estilo IISUE:
Plá, Sebastián (2026), “De trampas y continuidades”, Dossier Proceso de admisión a la UNAM 2026, Observatorio de Políticas Educativas IISUE-UNAM, https://doi.org/10.22201/iisue.001r.2026
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