En julio de 2026, por primera vez, la UNAM aplicó en línea el examen de selección a la licenciatura. Un contrato con una empresa privada para operar la vigilancia algorítmica del proceso, el aumento anómalo de aciertos frente al promedio histórico y la posterior repetición presencial de la prueba para un tercio del padrón, que pudieron quedarse como un incidente técnico, dieron paso a un episodio que colocó en el centro del debate público una pregunta que la investigación educativa lleva décadas planteando: ¿un examen de admisión mide el mérito o es más bien un instrumento para administrar la desigualdad?

Así, este dossier reúne reflexiones de integrantes del IISUE motivadas por esta coyuntura, a partir de un llamado del Observatorio, espacio académico de información, documentación y discusión que sigue el  pulso de la política sectorial en el actual sexenio, en diálogo con diversas comunidades de investigación educativa. Lo que atraviesa el conjunto, más allá de las diferencias de énfasis, es la constatación compartida de que buena parte de lo sucedido en julio de 2026 no es para nada nuevo. Si bien, la irrupción de la inteligencia artificial y la cesión de funciones sustantivas a un proveedor privado introdujeron algo inédito en la prueba de selección: una opacidad algorítmica y un riesgo para la autonomía universitaria que los marcos con los que hasta ahora se ha explicado el conflicto no estaban diseñados para afrontar. El debate sigue abierto.

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